20 enero, 2015

Tejado

Todos y cada uno de nosotros tenemos nuestro tejado. Es nuestro espacio seguro, gracias a él no pasamos frío ni calor, pues aunque las condiciones exteriores sean desfavorables, nuestro tejado nos resguarda y nos protege. A medida que crecemos nuestro cobijo va cambiando, las experiencias que tenemos en la vida también lo modifican, vamos aprendiendo y consolidándolo cómo único.

En algunas ocasiones, las condiciones exteriores son desfavorables, puede llover, granizar, nevar, puede haber muchos fenómenos adversos. A veces la lluvia golpea tan y tan fuerte que parece que nos va a inundar, en otras, rachas de viento lo balancean y lo tambalean y por un momento creemos que nuestro tejado siempre tan rígido, sólido y con las rejas tan acopladas se vaya a desmontar.

Puede pasar que aunque siempre haya sido un sitio donde nos hemos protegido de tales condiciones, nosotros mismos empecemos a dudar de su seguridad, y por lo tanto de la nuestra propia.

La interacción con los propietarios de otros tejados suele resultarnos satisfactoria, como seres sociales nos gusta tener la compañía de otras personas. Ellos pueden ser familiares, amigos, compañeros, conocidos, parejas… Aunque interaccionamos con otros, cada uno es dueño de su propio techo , no podemos trasladarnos a otro y sólo uno mismo es responsable del suyo propio. Solemos pedir ayuda en caso de que veamos que el nuestro se pueda derrumbar. Otras personas nos pueden ayudar a sostenerlo para que no se llegue a desmontar, aunque nos ayuden, la responsabilidad de que no se desmorone es nuestra. A la vez nosotros también prestamos ayudar a otros vecinos de tejado, muchas veces esa ayuda es recíproca, ayudamos y nos ayudan, nos ayudan y ayudamos.

¡El tejado es mío y tengo derecho a que sea respetado y valorado!

En otras ocasiones nos puede resultar molesto e incómodo cuando notamos que alguien nos está tirando piedras para intentar desmontar lo que nosotros consideramos nuestro cobijo. Podemos reaccionar de muchas formas, una de ellas sería devolver las piedras a su tejado con más fuerza aún. Otros se paralizan, observan cómo sus tejas son lapidadas y agujereadas y se quedan inmóviles, sin mediar acción alguna. Otros pueden hablar con el otro propietario para que deje de tirar piedras. Intentar explicar que tengo derecho a tener mi tejado, que se les respete ese derecho.¡El tejado es mío y tengo derecho a que sea valorado y respetado!

Algunas veces también nosotros mismos nos ponemos a tirarnos piedras, puede ser que llegue a un punto en que dejemos de creer en lo valioso que es para nosotros o que cedamos más importancia a otras cosas y que poco a poco se vaya deteriorando. Qué paradoja, no queremos que las condiciones adversas ni otros nos derrumben y a veces somos nosotros mismos los que nos causamos daños.

Nuestro tejado es único y valioso, tenemos que cuidarlo y protegerlo, las condiciones adversas no podemos controlarlas, nos pueden hacer tambalear y sentir nosotros como se va al traste. Los compañeros nos pueden ayudar, pueden estar cerca pero no en nuestro mismo espacio, somos nosotros los que nos encargamos de él.

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¡A cuidarlo!

Alba Rosique

About Alba Rosique

Licenciada en Psicología por la Universidad Jaime I de Castellón, ha complementado sus estudios con el Máster en Psicología Clínica y de la Salud en adultos y el Posgrado en Psicología Clínica Infantojuvenil, ambos del Instituto Superior de Estudios Psicológicos (ISEP).

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